Las incorrecciones de PIL en vivo - Recital en el C Art Media (Sábado 11 de Abril 2026)

 


¿Qué esperamos hoy de un recital?
¿Es lo mismo asistir a un show de Peter Gabriel, de Peter Hammill o de Bauhaus que a uno de Public Image Ltd.?

En líneas generales, las expectativas parecen claras: canciones conocidas, alguna novedad, cierta actitud, algo de interacción con el público. Tal vez una toma de posición, alguna referencia al presente, algo que nos conecte con el ahora. Y, sobre todo, eso que justifica todo: que algo nos conmueva.

Un recital, en definitiva, es una combinación, más o menos equilibrada, de esos elementos. Vamos a buscar eso. Vamos a buscar algo que nos sacuda, aunque sea un poco.


Pero no siempre fue así.
Hubo un tiempo en que esto no se trataba solo de entretenimiento. Ni para el público ni para el artista. Había algo más en juego. Como cantaban los The Rolling Stones en It’s Only Rock ’n Roll:
“If I could stick my pen in my heart / I’d spill it all over the stage…”
Esa idea de desborde, de exposición total, de riesgo.

El tiempo pasó. Y con él, también cambió la forma en que consumimos —y entendemos— la música en vivo. Hoy, muchas veces, lo que prima es una lógica más cómoda, más previsible. Incluso, en algunos casos, más conformista.
En ese contexto aparece John Lydon. Un personaje central en la historia del rock: desde el quiebre que significaron los Sex Pistols hasta la construcción posterior de Public Image Ltd., siempre tensionando los límites entre provocación, arte y ruido.
Pero entonces la pregunta es inevitable:
¿qué esperamos hoy de Lydon?
¿Al mito incendiario? ¿Al provocador que incomoda? ¿Al tipo capaz de desordenar todo lo que toca?


El recuerdo juega su parte. Aquella primera visita a la Argentina, atravesada por el caos, con referencias inesperadas —como Diego Maradona—, incidentes en el escenario y una sensación general de desborde, parece pertenecer a otra época. A otro Lydon. A otro mundo.



El presente es distinto.
El show comienza con una declaración de principios: le gustó la banda soporte, pero esto es PIL. Una frase que suena a reafirmación, pero también a advertencia.
A partir de ahí, el recital avanza sin sobresaltos. Las canciones se suceden con naturalidad, casi sin fisuras. No pasan desapercibidas —sería imposible—, porque a esta altura son parte de un repertorio consolidado: “The Order of Death”, “Home”, “This Is Not a Love Song”, “Poptones”, “Death Disco”, “Flowers of Romance”, “Public Image”.
El cierre, como corresponde, llega con “Rise”.
La banda suena sólida. Precisa. Ajustada. Cada tema está donde tiene que estar. Cada arreglo cumple su función. Todo funciona.
Y, sin embargo, algo cambió.

Porque si alguna vez Public Image Ltd. fue sinónimo de incomodidad, de ruptura, de imprevisibilidad, hoy parece moverse en otro registro: el de la corrección.
John Lydon ya no desborda. Administra. Ya no provoca de manera constante. Aparece, dosifica, regula.
El resultado es claro: un buen show.
Pero también una pregunta que queda flotando.
¿Alcanza con que funcione?
Porque cuando la incorrección se vuelve forma, y la provocación se transforma en recuerdo, lo que queda ya no es peligro. Es oficio.
Y tal vez ahí esté la verdadera diferencia.


Fotos (Las buenas) : Juan José Bordenave.

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