Winona Riders - Club Cultural Matienzo - 30 de Mayo 2026
Recibo varios mails por semana en los que me comparten experiencias, música, recitales. Nunca los mencioné, solo agradecía y respondía por privado. Pero este miércoles recibí un mail de Rolo que me dejó reflexionando. Y me contó una historia que les quiero compartir :
Hacía dos noches que estaba durmiendo en la puerta del Matienzo. Quizás tres. No lo recuerdo. Había varias personas rondando y ya no me llama la atención la cantidad de gente que estamos en la misma.
Unos días atrás estuve en once. En la estación. Al costado de la escalera, durmiendo. Claro que había otros. Somos varios los que compartimos un lugar, a veces alguna comida o hasta algún pensamiento. Compartimos los olores del tacho de basura.
¿Quién dijo que las calles de Buenos Aires tienen ese no se qué?. A las tres de la mañana ya sabíamos quien roncaba, quien gritaba dormido y quien te podía sacar las zapatillas mientras soñabas. Completos desconocidos compitiendo por un espacio.
Hacía un par de días que no me bañaba, quizás más, pero estaba bien. Con este fresco casi ni se notaba. La cuestión es que quería ver a Winona Riders. Ya los vi otras veces pero esta vez andaba con más ganas. Y también estaba inusitadamente sobrio, a pesar de los días de gira. O sea, tranqui.
Aproveché esos días de puerta para limpiar algunos parabrisas, cuidar autos, hacer algunas monedas en el caso que tuviera que pagar la entrada. Y además para sobrellevar la noche.
No dormí mucho, no tenía ganas. Pegué alguna cerveza, algún pucho del piso, alguna dádiva que me cayó del cielo. No mucho más. Lo indispensable como para aguantar las veladas. Unos cartones para dormir, y unos tetra también para respirar.
En la puerta la vi a ella, hablaba y hablaba sin parar. Que era abuela, que sus hijos que sus nietos, que su familia. La veía en la misma que yo. La misma ropa sucia, los mismos olores. En la misma calle.
El día del recital había juntado unas monedas. Pero no las necesité, me dejaron entrar a cambio de algo de trabajo. No gran cosa más que limpiar, barrer, juntar alguna escoria. En fin, lo usual.
El recital transcurría como siempre. Entre la gente había pibes y algunos tipos más grandes. De todo. Variadito, como a mí me gusta. Y estaba ella. Con algo de vino seco en la comisura de los labios que su lengua no alcanzó a limpiar. Pero que en el afán por beber se desbordó hasta manchar la remera. Como para llenar algún vacío.
No sé si me lo preguntaba o no pero ¿Cuántas almas seguirán desnudas después de este recital? O peor aún, cuántas quedarán sin desnudar.
Las canciones se sucedían y los Winona estaban en una gran noche. Los pibes saltaban, se entrecruzaban, sus cuerpos se estremecían uno contra otro. Golpeando a veces el aire. Y alguna chica se subió a los hombros de su novio, transpirada, no necesitó desnudarse. El show estaba ahí, en esos pechos sin descubrir, a la vista de todos. En los saltos, en el sudor, en las canciones desbocadas. En esas almas que fueron a buscar algo.
Decía de las canciones. Y apareció otra vez ella, en medio de la muchedumbre. Cuando me vio tuve la certeza que lo hizo por primera vez, y juro que en ese momento pensé que nos atravesamos sin motivo. El mismo que la atravesó a ella y el que nos unió en un beso. Al principio tímido luego tomando confianza, y más. ¿Cómo no me va a dar un beso si la había buscado toda la noche? Y nos quedamos ahí, en ese beso que duró todo el recital. Los párpados sudorosos, el sabor de los labios, y los latidos.
¿Cuántos estarán buscando su beso? ¿Cuántos estarán en búsqueda de un beso?.
Hasta que el recital terminó. No lo planeamos, ni lo habíamos escuchado. Pero el final llegó, las luces se encendieron y de a poco el lugar fue vaciándose.
Me quedé limpiando. Barriendo, juntando alguna que otra escoria. Siempre las hay.
Nos despedimos y le pedí que me esperara. Le pedí por favor. No sé que pasó pero no la encontré. Esto es así, pensé.
Por eso la sigo buscando. Preguntando en recitales, en puertas, en estaciones. Quizás vos la viste. Quizás estuvo al lado tuyo mientras cantabas. O quizás la besaste también.
Esto es así. Lo sé.
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